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Miércoles, 19 Diciembre 2018
09:31:09

Crónica de un descenso anunciado

Agora Deportiva

Jesús Yáñez Orozco

Sentí que se me vino encima, de golpe, una historia de casi 30 años de aficionado a las Chivas --el equipo más popular del futbol mexicasno con 11 títulos de liga, que juega con puros futbolistas nacionales y  108 años de historia recién cumplidos-- cuando leí la mininota firmada por Miguel Angel Ramírez –uno de los dos comunicadores, el otro fue Antonio Moreno, que difundió lo que luego se conocería como el Cachirulazo— en el diario La Jornada.

 

Escribió ayer en la página web del diario, MAR --como se le conoce a Ramírez-- uno de los mejores periodistas nacionales de deportes:

México, DF. El defensa (de Pumas) Marco Antonio Palacios dijo que es triste ver a las Chivas peleando por no descender.

“Espero que se recuperen. No con nosotros. Después de nosotros, que salgan adelante. Porque es un equipo grande”, indicó en referencia al duelo del domingo venidero en Ciudad Universitaria.

Incluso, cuando leí, sentí que los calzones se me hicieron yo-yo.

Me da el soponcio nomás de pensar que el año próximo las rayadas Macabras se vayan directo a la eufemística Primera A, o Liga de Ascenso, una especie de cementerio del balón de los equipos de la Primera División.

Nomás para que nos demos un quemón de qué lado masca la iguana en cuanto a lo que representan los Chivas Rayadas jalisquillas, van unos datos:

Según encuestas realizadas en febrero de 2007, febrero de 2008 y agosto de 2010 por el Diario Reforma, y Consulta Mitofsky en 2009, 2010 y 2013, es el equipo más popular de México.

Además de ser reconocido por la Mafia-FIFA-Mafufa como el más popular de México.

Incluso, ñas agencias, la Francesa de Prensa (AFP) y la Associated Press (AP) del país de las Bardas y las Estrellas, lo consideran el segundo equipo más popular del mundo, con más de 30 millones de aficionados. Muchos de ellos en Estados Unidos. Sólo detrás del Flamengo de Brasil.

El Guadalajara está posicionado en el lugar 107 en la tabla histórica de la La Federación Internacional de Historia y Estadística de Futbol (IFFHS, por sus siglas en inglés).

Porque, además, pocos saben que el cuadro tapatío es el único equipo “divino” del futbol mexicasno,  por obra y gracia del Espíritu Santo. ´

El Papa Pío XII, el 16 de enero de 1957, envió un telegrama a Guadalajara, en conmemoración al primer título de klos 11 obtenidos del Club Deportivo Guadalajara.

Dice cantinflesco:

“Excelentísimo Arzobispo: Augusto pontifica acogiendo benévolamente filiales, sentimientos, miembros Club Futbol Guadalajara. Correspóndales cuando celestes gracias enviándoles implorable bendición apostólica”.

Bueno, ni las bendiciones celestiales han salvado al equipo de las satánicas decisiones de su propietario.

Quizá un exorcismo, a cargo del inefable obispo Juan Sandoval Íñiguez (21 de abril de 1994 -7 de diciembre de 2011)  lo salve del abismal abismo del descenso.

Porque desde que allá por 1993 se cedió el equipo al empresario aceitero Salvador Martínez Garza, advertí --desde entonces agorero como periodista de deportes del diario El Financiero--  que la suerte del equipo estaba echada.

A partir de ese momento comenzó mi defección del Chiverio y abracé los colores Pumas, azul y oro, que en sentido estricto no pertenecen a la UNAM, aunque juegan en sus instalaciones sin que les cueste un centavo.

Y lo hice porque pensé que deportivamente era el futbol referente del balompié nacional. Y porque además de ser egresado de la Máxima Casa de Estudios, quise jugar profesionalmente con el equipo del Pedregal, pero fracasé. Me tocó en varios partidos interescuadras, yo como lateral izquierdo y él como extremo derecho, marcar a Jesús Ramírez. Ahora exitoso director técnico.

Viene a mi memoria mi historia con los colores rojiblancos desde que tenía unos siete años, allá en el barrio de la Colonia Pensil. Si mal no recuerdo, por los títulos obtenidos, ya se le conocía como el Rebaño Sagrado a mediados de los años 60s. Pagaba 20 centavos los sábados por la noche en una paletería, para mirar los partidos, porque mis ídolos eran Salvador Chava Reyes i Isidoro Chololo Díaz.

En la calle donde vivía, Lago Erne, había una pared con un enorme escudo dibujado del Guadalajara. Estaban, dentro de él los nombres escritos de todos lo que jugábamos futbol, menos el mío.  Incluso, recuerdo, en mi ignara infancia, llegué a llorar por ese motivo.

Quizá se debía a una forma de bulliyn futbolístico. Porque como cultora de belleza de cabecera del barrio, de todas las mujeres, mi madre siempre nos traía a sus hijos bien prendiditos, porque su oficio exigía limpieza absoluta. A veces obsesiva.

Y aunque mis ropas eran igual de humildes que las del resto de mis amiguitos, la pulcra limpieza les provocaba incordio.

Se me borró ese dolor cuando nos fuimos a vivir a otra calle del barrio, en la colonia Anáhuac, Lago Mask.

Mi pasión por el equipo tapatío se mantuvo enhiesta más de 30 años.

El colmo de los colmo fue cuando, en 2002 Jorge Vergara Madrigal, adquirió el equipo en una polémica compra.

Durante más de una década padeció --el Rey Jorge, como es conocido, Vergara-- el síndrome de la gallina. Igual que en su momento Vicente Fox, como presidente:

Da un paso y la caga.

Concitó en él toda la prepotente ignorancia que caracteriza a los dueños del balón en México.

Porque de aquel “Ferrari” que se ufanaba Vergara que eran las Chivitas, las convirtió en un destartalado vochito que no pasaría la verificación en el Distrito Federal. Y mucho menos ahora, con la radicalización del hoy no circula, del Füehrer chilango, Miguel Angel Mancera. 

Todavía se recuerda la declaración de  Vergara, cuando sintió que la lumbre de caer al abismo futbolístico le llegaba a los aparejos:

“Sobre mi cadáver descienden las Chivas. El equipo va a estar calificado.  Tome la decisión para que esto suceda. José Luis Real terminará la temporada”.

¡Sácale las babuchas!

Como dueño del Guadalajara se le ha criticado por vender a destacadas figuras del equipo, y subir prematuramente a canteranos, llevando al equipo a crisis en varios torneos y aumentando el número de años sin poder ser campeón, salvo en el Torneo Apertura 2006.

Un título mísero en más de 10 años al frente del equipo.

Cuando se cansó de ufanarse que el equipo sería la neta del planeta del balompié nacional.

Además se caracteriza por su poca inversión en refuerzos y resaltan sus comentarios despectivos hacia decenas de ex-jugadores, ex-entrenadores y ex-directivos que han pasado por el equipo.

Ni  siquiera hizo el milagro de hacerlo entrar en cintura el mismísimo Johan Cruyyf, uno de los tres mejores futbolistas en la historia del futbol mundial del siglo pasado –con Maradona y Pelé—y sumaría un cuarto: Alfredo Di Stefano, recién fallecido.

Nacido en Guadalajara, Vergara trabajó como mecánico, traductor de textos, vendedor de autos, tamales y a los 23 años, como subdirector comercial de una microempresa llamada La Pitaya Alegre, que más tarde quebró durante la crisis mexicana de 1982, por lo que fue despedido.

Posteriormente emprendió un pequeño negocio familiar como un vendedor de tacos de carnitas y después abrió un restaurante de cocina italiana.

Estos negocios al final no prosperaron, por lo que emigró al país de los Cara Pálida para incorporarse a Herbalife. Se asoció con otros dos colegas estadounidenses, distribuidores de Herbalife y en 1989 fundan Omnitrition USA.

Su producto principal era una vitamina líquida desarrollada por Durk Person, que distribuyeron bajo la marca Omni IV (conocido en el actual Omnilife como Omniplus).

Suele beberlo durante sus entrevistas y conferencias de prensa o cuando acude a los entrenamientos del equipo.

Nunca usa calcetines.

Llama mi atención su decisión de mandar a Colombia, con especialistas en sicología del deporte, a los jugadores que tienen problemas de conducta dentro y fuera de la cancha.

Cuando sería él a quien habría que ingresar, con urgencia, al Hospital Siquiátrico Fray Bernardino en la Ciudad de México.

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Miércoles, 19 Diciembre 2018
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